Gemini_Generated_Image_1hpm1m1hpm1m1hpmHe vuelto a sentarme frente al portátil para escribir. No tengo claro si debería explicar por qué dejé de hacerlo o si sería más honesto contar las razones de este regreso. Al final, ninguna de esas opciones parece esencial. Tal vez escribir ahora sea solo un gesto mínimo, una forma simple de romper la inercia.

Hace un tiempo encontré un pequeño blog escrito por una joven. En él cuenta, con una constancia casi silenciosa, los objetos que recibe a través de revistas de belleza: estuches, cremas, algún perfume. Cosas pequeñas, cotidianas, que van marcando su vida. Cada cierto tiempo vuelvo a ese blog, casi para comprobar si ha dejado de escribir. Nunca es así: siempre hay una nueva entrada.

Ese gesto persistente me recordó por qué alguna vez escribí en mi propio blog. No lo hacía por los demás. Lo hacía por mí. Porque escribir es una forma de recordar que existes. Simplemente existes. Y porque las palabras, cuando se dicen, permiten anclar la vida, darle un punto de apoyo.

Si hay una razón para este regreso, quizá sea esa: volver a lo cotidiano, regresar a las raíces, escribir no para decir algo importante, sino para no desaparecer.